jueves, 6 de junio de 2013

Influencia de otras religiones


Algunos científicos de principios del siglo XIX investigaron acerca de los elementos comunes que encontraron en el extenso grupo de pueblos que conocemos como indoeuropeos.
Los indoeuropeos ocuparon una amplia zona, que se extiende desde la India al norte de Europa, la península Anatólica, la península Ibérica y las Islas Británicas.
Existieron ocho grandes grupos indoeuropeos: el indio, el iranio, el griego, el itálico, el céltico, el germánico, el báltico y el eslavo.
Muchas de las lenguas que se hablan en el mundo en la actualidad son de origen indoeuropeo. El español, el francés o el italiano derivan del latín, una lengua del grupo itálico. El inglés o el alemán derivan del germánico; el ruso, del eslavo; y las lenguas actuales del norte de la India como el hindi, del indio.


La guerra de los dioses

Entre los mitos indoeuropeos, el de la guerra de los dioses aparece en relatos celtas, griegos, indios, iranios y vikingos. Cuenta que los dioses, divididos en dos bandos, pelearon en cierto momento entre ellos y estuvieron a punto de destruir el cosmos.

La religión de los vikingos es la mejor conocida de las religiones de los pueblos germánicos, porque se hicieron cristianos muy tarde, hace tan solo 1.000 años.


Esta religión es llamada como “UNA RELIGIÓN DE GUERREROS”.
Esta religión representa varios representantes, como ejemplo tenemos a:

El dios vikingo Odín.

Han conservado libros completos en los que cuentan sus mitos y su religión: son las Eddas y las Sagas. La guerra era una ocupación muy importante entre los germanos en general y entre los vikingos en particular, y morir en combate era para ellos el mayor honor, porque creían que iban a un más allá mejor que los demás. Según su mitología, serían llevados por unos genios con forma de mujer, llamadas Valquirias, al Walhalla, la residencia de Odín, un enorme palacio con miles de puertas. Allí deberían esperar entre combates y fiestas la llegada del Ragnarok. Este momento era el del combate final.

El árbol Yggdrasill

Para los vikingos, los tres niveles del cosmos estaban conectados por un árbol llamado Yggdrasill. De él brotaban tres fuentes: la del saber, la del destino y la fuente de la que nacían todos los ríos de la Tierra. Bajo su sombra, los dioses celebraban su asamblea. Pero, desde su nacimiento, este árbol estaba condenado a la muerte, ya que sus raíces eran roídas por una serpiente y cuatro ciervos comían sus hojas.

Dioses y seres sobrenaturales

El principal de los dioses vikingos es Odín, soberano de todos ellos, señor de la magia, del poder, de la poesía y de las runas, la escritura de los germanos. Es tuerto y le acompañan dos cuervos. Monta a Sleipnir, un caballo de ocho patas. Su esposa es Frigg, diosa del amor.
Tyr es el dios de los pactos y de la guerra. Thor es el más popular de los dioses. Preside la guerra y su arma es Mjolnir, su martillo sobrenatural. También Freyr es un buen guerrero, además de dios de la prosperidad, la riqueza y la fertilidad.
Freyja, diosa de la magia, es quien se la enseña a Odín tras el pacto entre los dioses ases, a los que pertenecen Odín, Tyr y Thor, y los vanes, el grupo de Freyja, Freyr y Njordr. Este último es el dios del mar, de la navegación, del comercio y de la riqueza.
Balder es el mejor de los dioses: bello, bueno, justo, sabio, clemente y gran guerrero.


RELIGIÓN ROMANA
Los romanos conservaron durante muchos siglos sus primitivas tradiciones religiosas, pero a la vez adoptaron las creencias de los distintos pueblos con los que fueron entrando en relación, de manera que en la religión romana terminó habiendo numerosos dioses con rituales y cultos de diferente origen. Las influencias más importantes fueron la etrusca y la griega, y la de las religiones orientales.
La historia de Roma se caracteriza por la expansión constante de su imperio y la asimilación de elementos de la religión de los pueblos que conquistaba.
Júpiter era el principal símbolo de Roma. Se le llamaba óptimo (el mejor) y máximo (el más grande).
También Marte, dios de la guerra, se encontraba entre los dioses públicos más respetados. Era invocado para que ayudase al ejército en las batallas y también se le consideraba un dios de los campesinos.
Juno era la diosa protectora de la mujer y de las esposas, y Minerva era diosa de las actividades artesanales, intelectuales y de la medicina.
Vesta, diosa del hogar, tenía un templo en Roma, que era circular, en el que, en lugar de una imagen de la diosa, existía un fuego que unas sacerdotisas, las vestales, debían mantener encendido para que la ciudad estuviera protegida.
Por último, Jano era un dios muy antiguo, con dos caras. Cuando su templo se cerraba era porque la paz reinaba en Roma


Los dioses y los planetas, días y meses

Elementos tan cotidianos como los nombres de los planetas y los días de la semana, así como la manera de distribuir días y meses en el calendario, permiten comprobar las importantes huellas que subsisten de la religión romana, a pesar de haber dejado de practicarse hace tantos siglos.
Entre estos vestigios de la civilización romana, encontramos los nombres de sus dioses, que incorporaron a los elementos de su entorno y que se han mantenido en buena medida.
Los nombres de los planetas del sistema solar, salvo el de la Tierra, coinciden con nombres de los dioses romanos, pese a que no todos se pusieron en esa época: los tres más alejados del Sol, Urano, Neptuno y Plutón, los pusieron astrónomos que vivieron mucho tiempo después, ya en la época moderna.

También los días de la semana recibieron nombres dados por los romanos. Al lunes lo llamaron así en honor a la diosa Luna. Algunos han cambiado: el sábado recibe su denominación del día de descanso judío, sabbath, y el domingo viene de dominicusdies o «día del señor» y es el nombre que le pusieron los cristianos. El resto de días corresponde a Marte, Mercurio, Júpiter y Venus.
Por último, en el caso de los meses del año, la procedencia de los nombres es más variada, pero algunos tienen en origen el nombre de dioses romanos: enero (ianuarius en latín) era el mes de Jano, marzo (martius en latín) el de Marte, junio (iunius en latín) el de Juno. Además hay dos meses que se dedicaron a gobernantes porque fueron divinizados. Tras dedicar a Julio César el mes de julio, cuando dedicaron a Augusto el de agosto, se decidió alargarlo de 30 a 31 días, para que no fuera Julio César más que Augusto. Se lo quitaron a febrero, motivo por el que es tan corto.

LAS RELIGIONES DE LA AMÉRICA PRECOLOMBINA
Antes de que llegase Cristóbal Colón en 1492, existía una gran variedad y riqueza de poblaciones en América. Muchas han desaparecido o se han mezclado entre sí.
El continente americano estaba habitado por numerosos grupos humanos con culturas muy diferentes. Habían llegado en varias oleadas desde Asia hacía decenas de miles de años.
Las tierras de los actuales Canadá y Estados Unidos y las zonas de selva de Sudamérica y del Caribe eran el hábitat de un gran número de tribus que se dedicaban a la caza y a la recolección de vegetales o practicaban una agricultura parecida a la neolítica.
Pero en el centro y sur del continente americano se desarrollaron diversas civilizaciones comparables a las de Egipto, Mesopotamia o China. Las tres mejor conocidas fueron las de los mayas y aztecas en Centroamérica y la de los incas en Sudamérica.


La religión de los mayas

Los mayas desarrollaron una civilización muy avanzada, organizada en grandes ciudades, en las que erigieron numerosos edificios de carácter religioso.

Las ciudades mayas eran centros ceremoniales monumentales con pirámides escalonadas y otros grandes edificios de uso religioso, así como observatorios astronómicos y grandes explanadas para desarrollar los rituales. A la llegada de los españoles ya habían sido abandonadas, pero se conoce su religión por la arqueología, ya que muchas ciudades mayas como Palenque, Chichén Itzá o Tikal han sido excavadas a partir del siglo XIX y han legado un patrimonio cultural impresionante.
También han llegado hasta la actualidad algunos de sus libros sagrados, como el Popol Vuh, y parte de sus creencias se han mantenido entre los descendientes actuales de los mayas que viven en el sur del actual México y en Guatemala, más de una treintena de grupos indígenas.

La religión de los aztecas

La zona del actual México fue la cuna de diversas civilizaciones centradas en el cultivo del maíz, que crearon impresionantes ciudades como Teotihuacán, abandonada en el siglo VIII e.c
La civilización de los aztecas es heredera de todas las de la zona, además de ser la que mejor conocemos. Su lugar principal era la capital, Tenochtitlán, que creían el centro del universo y punto de intersección de una cruz, cuyos extremos marcaban los territorios que debían ser conquistados para instaurar en ellos el orden deseado por los dioses. En el centro de las ciudades aztecas se construían templos en forma de pirámide, y en su cúspide se situaban los altares desde donde los sacerdotes realizaban el culto a los dioses y los sacrificios, también de seres humanos.


La religión de los incas

El imperio inca fue la última de las grandes civilizaciones andinas. Unificó y controló un enorme territorio de 5.000 km de largo y su religión tuvo una gran importancia porque servía para ordenar la sociedad.

El rey, al que se conocía por el nombre de Sapa Inca, era considerado un dios y se le llamaba «Hijo del Sol». Todo lo que tocaba se convertía en sagrado. El rey era considerado también el centro del mundo.
Los incas creían que el universo funcionaba correctamente gracias a él. Vivía en la ciudad central del imperio, llamada Cuzco, que quiere decir «ombligo».
Una de las principales labores del monarca era presidir la celebración de los rituales necesarios para que las cosechas fueran buenas, además de las fiestas en honor de los dioses. También anunciaba los equinoccios y los solsticios.
Para celebrar los rituales, realizar las observaciones astronómicas y atender a las necesidades del rey era necesario un gran número de sacerdotes. El más importante de todos ellos era el sumo sacerdote del Coricancha, el templo del sol del Cuzco, cuyo cargo desempeñaba el hermano del monarca.




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